Las confesiones de Madonna en la pista de baile: 15 años después

Confessions on a Dance Floor album cover

En el cuarto corte de Confessions on a Dance Floor, la increíble e infecciosa Future Lovers, Madonna susurra, a manera de advertencia, uno de los manifiestos más dicientes de su carrera:

Te voy a hablar del amor

Olvidemos tu vida

Olvida tus problemas

Ven conmigo

Por décadas, la carrera de la artista que creó, junto a Michael Jackson, lo que hoy conocemos como ‘estrella pop’ ha estado ligada a la provocación y a la controversia, lo que le ha hecho ganar una fama de arrogante y egocéntrica, pero en el fondo Madonna es tan vulnerable como cualquier otro artista. Confessions on a Dance Floor, lanzado un 15 de noviembre de 2005, volvió a poner a la Reina en el mapa de las pistas de baile con grandes canciones como Hung Up, uno de los mejores primeros sencillos de su carrera; Sorry, su respuesta, quizás, a la crítica que recibió por oponerse a la guerra de Irak y al gobierno de George W. Bush en un tiempo donde el 'sentimiento patrio' gringo estaba al alza; y en menor nivel Get Together o Jump que difícilmente sonaron en radios y discotecas en el mundo.

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Pero hoy no quiero hablar de la cara visible del álbum a través de sus sencillos promocionales, sino de lo que ocurre cuando las luces se apagan en la pista de baile. Cuando Dua Lipa lanzó a inicios de 2020 su exquisito y maravilloso álbum Future Nostalgia, el mejor del año si me lo preguntan, muchas personas saltaron a decir que era una nueva versión del Confessions de Madonna, siendo ambos trabajos muy distintos en el fondo. Mientras Dua apeló por la alegría y el brillo para darle un giro asombroso a los sonidos retro, Madonna se aferró a algo que pocas veces en su carrera ha hecho: hablar de sus sentimientos alrededor de la fama y su vida personal.

Confessions Tour - Madonna

En How High, por ejemplo, se cuestiona si valió la pena arriesgar su pellejo en las luchas que tuvo que lidiar para llegar a ser lo que es hoy, una canción que se complementa perfectamente con otra de las joyas del álbum, Let It Will Be, donde reflexiona sobre un posible ocaso de su carrera ante la evolución de la industria, un espacio en donde los artistas de su generación no tienen mucho por lo que contar ante el surgimiento de la era del streaming y donde el éxito se mide por las fotos con más likes en Instagram y los #1 instantáneos en Billboard.

El álbum fue entonces un gran punto de inflexión en su carrera y que ayudó a que le costara menos hablar de ella misma y mostrar su vulnerabilidad en futuros álbumes: en Hard Candy no tuvo miedo de decirle a Guy Ritchie, su entonces esposo, que su amor por ella florecía cuando estaban lejos el uno del otro, un tema que tiene continuación en la maravillosa Love Spent, del bastante criticado MDNA. En Rebel Heart se atrevió a decir en canciones como Joan of Arc que sí le duelen las palabras e insultos de la gente, motivada tal vez por la hostilidad y la dureza en su contra al querer expresarse libremente en un tiempo de redes sociales donde el edadismo, o discriminación por edad, que ha venido sufriendo mucho antes de cumplir 50 años en 2008, están a la orden del día. Es paradójico cómo por décadas le pidieron a Madonna que bajara a la tierra, que abriera su corazón y sus sentimientos, y cuando por fin lo hace lo primero que piensen es que ya es el final, que está acabada. Madame X, su último trabajo lanzado en 2019, logró que Madonna volviera a hablar de política y temas sociales, siendo ignorada olímpicamente por la masa que prefiere ver algo más light o políticamente correcto en los estrenos pop que hoy abundan en la escena. Fue también el álbum donde Madonna volvió a abrir su corazón con Extreme Occident, una canción inspirada en sus años viviendo en Portugal y donde se dio la oportunidad de hacer un recorrido de su vida hasta ahora cuestionando, nuevamente, si valió la pena todo el esfuerzo en ello.

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Confessions on a Dance Floor es para mí un trabajo muy oscuro, donde, junto a Stuart Price y Mirwais, se atrevió a ponerle beats modernos y bailables a temas profundos de su vida y reflexiones que no se pierden con las ganas de divertirse, una Madonna que se aventuró a ir más adelante abriendo su vida al público en mensajes sutiles y a veces directos.

Es también una declaración de que a pesar de los problemas y desgracias, siempre tendremos la música para escapar de lo duro que puede ser el mundo y quienes están a nuestro alrededor, y que, como reza la canción de cierre del álbum, Like It Or Not, podrán amarte, podrán odiarte, pero eso nunca será impedimento para detenerte. Y ese es un gran manifiesto que resume la carrera de Madonna: así la quieran destruir, la golpeen y quieran verla en el piso, estará contándonos qué pasa por su mente, qué quiere decir y a quién quiere retar a través de su música. Porque si de algo estoy seguro, después de tantos años siguiéndola, es que lo que más le duele a aquellos que no gustan de ella e ignoran las enormes batallas que dio y sigue dando en la industria, es que aún tiene las fuerzas suficientes para mantenerse de pie, y que, como ella describe, ha sido lo más controversial que ha hecho en su vida.

Por: Jairo Soto Hernández @JairoSoto

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